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Nuestra Historia

La Bahía de Zihuatanejo se caracteriza por el extraordinario conjunto de elementos naturales que hasta la fecha ha conservado.

Su conformación es característica de la mayoría de las raras caletas y bahías del Pacífico y es probable que se deba a su proximidad a la costa de macizos montañosos del Estado de Guerrero.

El contorno de la Bahía de Zihuatanejo constituye un fondeadero estupendo para todo tipo de embarcaciones. La Playa de la Madera sirvió de asiento a uno de los hoteles pioneros en la época de los años 50: “el Hotel Irma”. El cual empezó su construcción a mediados de 1954, terminándose de construir al año siguiente, con el diseño de los arquitectos Aquiles Rodríguez Peña y Enrique Pasta, siendo todo un reto, pues la mayor parte fue por vía marítima al solo contar con una estrecha vereda, dentro de un manglar.

Está enclavado en la privilegiada y hermosa bahía con una excelente ubicación, en medio de esplendida vegetación que sirve como elemento de unión entre el espacio privado y la profundidad del paisaje exterior.

Contaba en aquella época con sólo doce habitaciones, de sobresaliente sencillez y aire informal, cumpliendo con un papel esencial en la atmósfera del lugar y el bello y prometedor panorama costeño.

Construido con muy pocos elementos que alteran el carácter del hotel, sobresale el uso de piedra, ladrillo, y madera con un estilo de elegante romanticismo.

En la expresión del concepto de este, interviene el gusto de visitantes en los años 60, en su mayoría extranjeros, transportados en buques y yates de recreo que se engolosinaban del paisaje y el deslumbrante sol, con el rítmico vaivén de los penachos de las palmeras que lo circundan, aunado a un reposo que genera el ambiente de plena comunión con la naturaleza.

Se daban rienda suelta a los deportes de pesca, buceo y esquí, en las aguas profundas de tonos brillantes, azul, verde y su geométrica playa de arena gris basáltica.

De colores vivos y llamativos, indispensable dosis de tranquilidad y buen humor hacían de este, uno de los sitios más frecuentados del Pacífico Mexicano. Cuenta con varias terrazas y pasillos que dan hacia las tranquilas aguas de las piscinas duplican el escenario, al cambiante clima del transcurso del día, comunicando tranquilidad y una calma infinita.

De ambiente acogedor, contaba con un discreto restaurante de exquisita cocina, al que los huéspedes daban realce al asistir con elegancia y lujo al vestir, convirtiéndolo de esta forma un lugar de gran clase, donde daban rienda suelta a su alegría, siendo un sitio querido y de gran prestigio.

Su primera propietaria, que hace alusión a su nombre llamándolo Hotel Irma, sólo contaba con cuatro personas de servicio: una camarista, un mesero, una cocinera y su ayudante, que elaboraban típicos platillos, para el deleite de propios y extraños.

Para los años 70’s se construyó un lugar fresco y confortable para albergar una de las mejores y modernas discotecas, llamada “Paradise”, al que acudían lo más selecto de los habitantes.

Los hoteles vecinos, Catalina y Safari (ahora Sotavento), también construidos en la misma época, son testigos mudos del paso del tiempo y desarrollo del mismo.

A finales de los años 70’s, Fernando García Ríos adquirió la propiedad, conservando su nombre original, y con gran visión amplió las instalaciones con su sello especial.

Creció hacia ambas direcciones, construyó la flamante torre de cómodas y funcionales habitaciones, con una gran terraza que da vida al moderno jacuzzi que aporta claridad y frescura a un ambiente relajado.

Al día de hoy cuenta con 73 cálidas habitaciones de iluminación natural, con un toque alegre y de buen gusto.

La bienvenida se la da una fuente rústicamente tallada con su tranquilo sonido del correr del agua, apreciándose también un mural, de concepto mexicano, sus pasillos con tapetes decorativos hechos de incrustaciones de piedras asimétricamente colocadas, típicas de la región que le dan un toque de gran clase, flanqueados por sus iluminados arcos.

Para degustar excelentes platillos cuenta con el Restaurante “Las Naranjas” de discreta elegancia, donde todas las miradas se dirigen al espectacular e impresionante paisaje marítimo.

A un lado se ubica elegantemente el Bar “Los Nichos”, con un concepto de muros altos que dejan llegar las suaves corrientes cargadas de romanticismo, y su cómodo mobiliario complementa el conjunto.

De tal forma el Hotel Irma cuenta con una gran riqueza conceptual y armónica que tiene cautivado a sus huéspedes, que año tras año siguen frecuentándolo desde sus inicios, conservando su calidez y distinción en el servicio.

Conservándolo siempre en primer plano dentro de la hotelería local, la gerencia actual, con ideas vanguardistas, no ha cesado en su mantenimiento, conservación y calidad que caracterizan este lugar de gran atracción visual.

Así pues, las vivencias que hacen la historia y tradición, del Hotel Irma, corona de Playa La Madera, siguen su curso teniendo al tiempo como su mejor aliado y las leyendas que de él se escriben…

El aroma que despide el ambiente del Hotel Irma, aderezado del calor humano de las personas que aquí laboran, es una seductora e irresistible invitación al descanso… Desee la oportunidad de visitarnos.